11 costumbres que los chilenos no queremos perder en el extranjero.

 


  1. Tomar “once” en la tarde sin importar donde uno esté.

Un break en el medio de la tarde es demasiado necesario, sea donde sea que uno esté. Tomar un tecito con un pan con palta o queso (siempre que uno encuentre pan parecido a una marraqueta), o comer unos pastelitos, un pedacito de pie de limón, queque o kuchen… El tema es que en Estados Unidos la once no existe, así que si uno come tipo 5 o 6 de la tarde, los demás pensarán que se trata de un “early dinner”. No me importan que piensen que tengo horarios para comer más raros que los hobbits: la once es imprescindible y no se negocia.

2. Hacer sobremesa los fines de semana y quedarse sentados hasta el atardecer.

Nada más relajante que quedarse conversando, bromeando y a veces hasta discutiendo en la mesa, tomando té o café, hasta que ya sea hora de once (costumbre que como ya expliqué, no pienso abandonar). Sin embargo, el concepto de “sobremesa” no existe en Estados Unidos. Acá comen y ya… a menos que sea el día de un super evento deportivo, en cuyo caso toda la jornada también convierte en una gran comilona, tal como a los chilenos nos gusta.

3. Usar guatero en la cama en vez de calefacción.

Nada se compara a dormir con un guatero y abrazarlo para que se te pase el frío. Es mil veces más bacán que un scaldassono. Lo único que quizás lo pueda reemplazar es un guatero “con uñas”. Y aunque la calefacción centralizada tan común en los Estados Unidos casi podría volver obsoleto al guatero, sigue siendo necesario para que pueda dormirme tranquila en los meses fríos.

4. Comer Sopaipillas cuando llueve y hace frío.

No estoy segura sobre cuál es el vínculo entre la lluvia y las sopaipillas. Solo sé que van de la mano. Cada vez que llueve y hace frío, el cuerpo pide sopaipillas recién fritas y calentitas. Menos mal que no son difíciles de hacer, y que los ingredientes pueden encontrarse con facilidad en Norteamérica (por cierto, en el siguiente link encontrarán una buena receta). La opción es conformarse conun chocolate caliente y galletas, o castañas confitadas… ¡pero no es lo mismo!

5. Hacer asados y tomar cervezas para los partidos de Chile.

Para los estadounidenses el fútbol, o “soccer”, es cero importante. A menos, claro, que sea el mundial -momento en el que todos son “fanáticos” por un mes-. Para un chileno, en cambio, los partidos de la selección se ven SIEMPRE. Y no solo se ven… también se disfrutan a partir de otros sentidos. Cuando juega la roja, un asadito a la parrilla es lo más típico… y aunque lo del asado es un poco más difícil de hacer acá, lo que sí o sí se hace es ver el partido en algún bar, tomando unas cervecitas para apoyar.

6. Llevar cocaví al ir de paseo, especialmente en viajes largos.

Acá se suelen llevar snacks, o comprarlos en el camino. Por lo general solo se trata de barritas de cereal y cosas aburridas y/o “saludables”. Para un chileno, un viaje en auto, en bus o en tren no puede hacerse sin llevar cocaví: unas galletitas, pastelitos, sandwiches de jamón y queso, e incluso ¡huevos duros! Yo me llevo mi picnic sobre ruedas.

7. Regalonear en toda ocasión y sin motivos aparentes.

Los Chilenos somos expertos en el regaloneo y en el autorregaloneo -lo cual es una de nuestras mejores virtudes, a mi parecer-. El concepto no existe acá, o por lo menos no he encontrado una traducción aceptable. Quizás “spoil someone” se le parezca, pero en realidad no, no es lo mismo. Para los chilenos, se trata consentir a una persona querida, o a uno mismo, o hasta al gato, perro, o conejo que se haya adoptado como parte de la familia. ¡Todo vale!

8. (Buscar donde) Celebrar el 18 de Septiembre, disfrutando de comida chilena.

¡El 4 de Julio de Estados Unidos es tan chiquitito en comparación con nuestra fiesta! Para los chilenos, se trata de festejar como sea (y de disimular la caña al día siguiente en el trabajo). Siempre hay un lugar en donde se juntan todos los chilenos y se puede celebrar tomando un vinito, un terremoto o una piscola, y comer empanadas de pino jugositas, anticuchos o un choripán. ¡Hasta se bailan cuecas y se zapatea, sin importar el día de la semana en el caiga! Viva Chile mierrrr

9. Jugar carioca después de once o en la playa.

Se lo voy enseñando a todo el que se cruza en mi camino, especialmente en la playa mientras uno se seca. Con “escala sucia” incluida. ¡Clásico!

10. Hacer una previa antes de salir de fiesta.

Hay dos cosas que no me gustan de salir con amigos en los Estados Unidos: uno se junta en el lugar de la fiesta y ya, y se termina gastando mucho dinero al comprar tragos en el lugar. Mientras encuentre quién me acompañe, seguiré con el ritual de la previa antes de cualquier carrete. Una “cosita poca”: unas piscolitas, piscos sours o ron colas y un picoteo de papas fritas y maní. ¡Nada que incapacite salir después, eso sí! Lástima que a la botella de pisco traída desde Chile hay que hacerla durar más de lo que debería…

11. Hablar “Chileno”.

En el extranjero, los chilenos siempre tenemos que adoptar una especie de español “neutral” para que nuestros hermanos de habla hispana nos puedan entender. Y hablar m á s l e n t o. Realmente tenemos nuestro propio idioma, ¡no es un acento solamente! Así que no nos queda otra, si queremos “hablar chileno”, que enseñarle a nuestros amigos de habla hispana, antes de que ellos intenten cambiarnos el vocabulario a nosotros. “Weon”, “pucha”, “que lata”, “altiro”, “tenís”, “pololo”… todas pasan a formar parte de un español mezclado. Todo sea por conservar el lenguaje de casa


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